Terapia para mujeres en Moratalaz
OnlineUn espacio para escucharte y volver a ti.
A veces pasas tanto tiempo atendiendo lo que ocurre a tu alrededor, sosteniendo responsabilidades y respondiendo a lo que los demás necesitan, que tus propias necesidades quedan en segundo plano.
Este es un espacio para parar, entender qué te está pasando, poner palabras a lo que sientes y empezar a relacionarte contigo misma desde un lugar más amable y consciente.
Puedes parar, escucharte y empezar a cuidarte.
¿Te sientes identificada con alguna de estas dificultades?
El malestar no siempre aparece de la misma manera. A veces se expresa como ansiedad, sobrecarga, inseguridad, dificultad para poner límites o la sensación de estar siempre pendiente de las necesidades de los demás.
Agotamiento por carga mental
Tu cabeza no para de anticipar y organizar la vida de todos. La carga mental invisible te ha conducido a un estrés crónico y a un agotamiento emocional profundo.
Síndrome de la impostora
Sientes que debes demostrar el triple para valer lo mismo. El síndrome de la impostora y la autoexigencia alimentan una constante duda sobre tu propio valor.
Relación conflictiva con tu madre
Las críticas, el juicio constante o las conductas de control de tu madre sobre tus decisiones te generan culpa, tensión e inseguridad cada vez que intentas poner límites o vivir a tu manera.
“Cuidarte también significa dejar de exigirte llegar a todo.”
No tienes que seguir demostrando continuamente tu valía. Puedes darte un espacio para entender qué necesitas, poner límites y recuperar tu propio centro.
Poner límites sin culpa
Intentas decir “no” o pedir tu propio espacio, pero al segundo te invade el remordimiento. Trabajar la asertividad y aprender a poner límites puede ayudarte a liberarte de esa culpa.
Postergarte por complacer
Has priorizado tanto las necesidades ajenas que has perdido de vista las tuyas. Recuperar tu espacio de autocuidado y tu propia voz también forma parte del proceso.
Autoexigencia y presión social
Vives bajo la presión de llegar a todo: trabajo, hogar, relaciones e imagen. Esa exigencia estética y social constante puede terminar convirtiéndose en una importante fuente de ansiedad.
Maternidad sin culpa ni juicios
Amas a tus hijos, pero sientes que tu identidad como mujer ha quedado sepultada. En terapia podemos abordar la culpa materna desde la comprensión y la validación.
Reprimir el enfado y somatizar
Te han enseñado que enfadarse no es “correcto”. Reprimir continuamente la frustración puede hacer que el malestar termine apareciendo como tensión física, dolor o somatización.
Desgaste por trabajo emocional
Sostienes en soledad la comunicación y los cuidados en tu relación de pareja. Entender ese desgaste emocional con perspectiva de género puede ayudarte a recuperar un mayor equilibrio.
Doble jornada y burnout
Compatibilizar el trabajo con los cuidados puede hacerte vivir en piloto automático. Cuando no existe una conciliación real, el agotamiento termina afectando a tu bienestar físico y emocional.
Invalidación de tus emociones
Ante un conflicto, tiendes a pensar que estás “exagerando”. Sanar la invalidación emocional vivida en el pasado puede ayudarte a confiar de nuevo en lo que sientes y fortalecer tu autoestima.
Darte un espacio también es cuidarte.
No tienes que seguir cargándolo todo en soledad ni demostrando continuamente tu valía.
Regalarte un espacio para ti no es un acto de egoísmo. Puede ser el primer paso para restar peso a la exigencia, poner límites y recuperar tu propio centro.
Qué puedes trabajar en terapia individual.
No hace falta encajar en una categoría concreta. Cada proceso es diferente, pero estas son algunas de las áreas que podemos abordar juntas.
Autoestima y autoexigencia
Trabajar la inseguridad, la crítica interna, el perfeccionismo y esa sensación de que nunca haces o eres suficiente.
Ansiedad y gestión emocional
Comprender lo que sientes, reducir la sobrecarga y encontrar recursos para afrontar la ansiedad, el estrés o el agotamiento emocional.
Límites y relaciones
Aprender a expresar lo que necesitas, poner límites sin culpa y revisar patrones que se repiten en tus relaciones.
Maternidad y carga mental
Afrontar la exigencia de la maternidad, el reparto de responsabilidades y la sensación de tener que estar pendiente de todo.
Identidad y desarrollo personal
Reconectar con tus necesidades, revisar quién eres más allá de tus responsabilidades y construir una vida más alineada contigo.
Un proceso contigo, no sobre ti.
No voy a decirte cómo tienes que vivir ni darte una receta que sirva para todo el mundo.
Trabajaremos juntos para comprender qué está generando malestar, qué quieres cambiar y qué herramientas pueden ayudarte a avanzar de una forma que tenga sentido para ti.
Entender qué te está pasando.
Empezaremos por conocernos, explorar qué te trae a consulta y poner algo de orden en aquello que ahora mismo puede sentirse confuso, acumulado o difícil de explicar.
Decidir juntos hacia dónde quieres avanzar.
Tú eres quien mejor conoce tu vida. Definiremos qué quieres trabajar y qué cambios serían importantes para ti, sin imponer metas que no encajen con tu realidad.
Comprender patrones y construir nuevas herramientas.
Iremos identificando aquello que mantiene el malestar, trabajando nuevas formas de gestionar tus emociones, relacionarte, comunicarte y afrontar las situaciones que hoy te resultan difíciles.
Integrar lo aprendido y seguir sin terapia.
A medida que vayas incorporando tus propios recursos, podremos espaciar las sesiones hasta preparar el cierre. La terapia no está pensada para convertirse en una dependencia.
Puedes empezar como te resulte más cómodo.
El lugar cambia, pero el acompañamiento no. Puedes realizar tu proceso de forma presencial en Moratalaz o mediante terapia online.
Un espacio tranquilo donde poder parar y hablar.
Consulta presencial en Moratalaz, Madrid, en un entorno privado y cuidado para que te sientas en confianza durante todo el proceso.
El mismo acompañamiento, estés donde estés.
Si prefieres hacerlo a distancia, puedes realizar las sesiones online con la misma continuidad, cercanía y adaptación a tu proceso.
Pedir cita online →Quizá te estés preguntando esto.
Empezar terapia puede generar dudas, especialmente si nunca antes has hablado con un psicólogo. Aquí tienes algunas respuestas que pueden ayudarte a decidir con más tranquilidad.
No. Puedes llegar a terapia sabiendo perfectamente qué quieres trabajar o simplemente sintiendo que algo no está bien. Parte del proceso consiste precisamente en poner palabras a lo que estás viviendo y entenderlo juntos.
Cada proceso terapéutico es diferente porque cada persona también lo es. Sin embargo, hay experiencias que pueden aparecer con frecuencia en mujeres, como la sobrecarga de cuidados, la autoexigencia, la dificultad para poner límites, la presión por cumplir determinadas expectativas o la tendencia a dejar las propias necesidades en segundo plano.
Sí. En terapia podemos explorar de dónde viene esa dificultad para priorizarte, decir que no o expresar lo que necesitas. El objetivo no es dejar de cuidar a los demás, sino aprender a hacerlo sin desaparecer tú en el proceso.
No es necesario esperar a encontrarte al límite. La terapia también puede ayudarte a comprenderte mejor, afrontar una etapa de cambio, revisar determinados patrones o aprender nuevas formas de gestionar situaciones que están afectando a tu bienestar.
La primera sesión es un espacio para conocernos y entender qué te trae a consulta. Podrás contarme qué está ocurriendo a tu ritmo y empezaremos a definir juntos qué te gustaría trabajar. No necesitas preparar nada previamente.
No existe una duración idéntica para todas las personas. Dependerá de lo que quieras trabajar, tu situación y cómo evolucione el proceso. La terapia se irá revisando contigo y las sesiones podrán espaciarse cuando vayas ganando autonomía.
Sí. Puedes realizar las sesiones de forma online si prefieres hacer terapia desde casa, viajas con frecuencia o simplemente esta modalidad encaja mejor con tu día a día. También podemos combinarlas: presencial u online según lo necesites.
Las sesiones presenciales se realizan en Fisiomad, en la calle Montpellier, 1, Local 2, en Moratalaz, Madrid. La consulta se encuentra cerca del Metro Pavones y cuenta con fácil acceso desde la A-3 y la M-40.
No tienes que seguir dejándote para después.
Si algo de lo que has leído te resulta familiar, podemos empezar por hablarlo. No necesitas tener todas las respuestas ni saber explicar perfectamente qué te ocurre.
“Cuidarte no significa dejar de cuidar a los demás. Significa empezar a incluirte también a ti.”